El lado más frágil de los festivales chilenos

Escenas distintas y con protagonistas dispares, pero bajo una misma sensación: el bochorno. En noviembre, Movimiento Original, uno de los nombres más populares del circuito, se alistaba para presentarse en el debutante festival Frontera del Club Hípico, pero, sólo minutos antes, advirtieron que los organizadores aún no les habían pagado la totalidad de lo acordado, lo que puso en jaque su espectáculo. Daniel Bustos, uno de sus integrantes, relata que optaron por denunciar el embrollo ante todo el público presente, para luego negarse a cantar. Finalmente, los productores realizaron un depósito en camarines, una transferencia electrónica vía celular, lo que posibilitó una presentación marcada por el retraso. En la misma velada, Jorge González reportó en pleno recital que no había podido ensayar y que lamentaba la improvisación de la cumbre de música latina, que el 15 de noviembre tendrá su segunda edición.
Casi un año después, el pasado sábado 16 y en el mismo Club Hípico, la primera vez de otro encuentro, Fuga -sólo con números chilenos-, lidiaba con retrasos de dos a cuatro horas, información errónea en canales de difusión y hasta la súbita baja de algunos de sus grupos, como Niño Cohete y Los Verdaderos Cabrera, créditos ascendentes que encarnaban el espíritu de vitrina para las nuevas generaciones que ambicionaba el festival. Matías Pereira, de Niño Cohete, agrega que, cuando ya estaban listos para saltar al escenario -a la medianoche, 90 minutos después de lo publicado-, uno de los productores de Fuga les avisó que él saldría primero con su banda, The Reaktion, postergándolos para las dos de la madrugada, lo que detonó el retiro del conjunto. “Nos dijo: ‘Es mi festival y hago lo que quiero’”, cuenta el guitarrista.
Más allá de los entuertos, la secuencia ilustra los severos problemas que aún presentan algunas de las maratónicas cumbres musicales de la capital, sobre todo las dedicadas a los representantes locales. Un trance sufrido justo cuando la industria nacional de conciertos vive su mayor grado de profesionalización y cuando la música facturada en el país disfruta de su era de oro: en el circuito late la sensación de que muchos de los eventos que buscan hacerse eco de esa generación, aplaudida en el continente, no están a esa misma altura, con excepciones, como Lollapalooza o las Cumbres del Rock Chileno. Incluso, los tropiezos han alcanzado a Los Jaivas, con su caótico concierto de 2013 en el Parque Forestal.
Como ejemplo más sensible, un puñado de músicos -como Quique Neira y Movimiento Original- revelaron esta semana que los promotores del tour One Music Festival, realizado en el verano, adeuda la totalidad de sus honorarios a artistas y proveedores, cifra que asciende a los $ 92 millones y que los llevó a una demanda. De hecho, sólo se le pagó al único foráneo del proyecto, Ky-Mani Marley.
Para algunos productores involucrados, los inconvenientes son resultado natural del aprendizaje y de los menores recursos con que cuentan los festivales locales -a diferencia de, por ejemplo, Lollapalooza-, destacando que el grueso del público se va satisfecho. Felipe Díaz, de Highlights, mentores de Fuga y antes dedicados al nicho de las fiestas, asegura: “No tenemos un manual de cómo hacer un festival y lo que importa es que estamos abriendo caminos. Eso lo ha valorado el público y lo entendieron muchos músicos. Saben que los atrasos son naturales y que lo más importante es potenciar estos espacios. Fuga es más relevante que cualquier banda independiente y el próximo año lo haremos mejor”.
Juan Pablo Cuadra, histórico productor técnico de conciertos y que sólo en 2014 trabajó en los shows de Paul McCartney y One Direction, dice que, por lejos, montar un festival es lo más difícil (ver infografía): “Es demasiado riesgo, tienes a muchos equipos trabajando, y ya el atraso de un solo técnico puede generar un descalabro. Para evitarlo, debes tener un equipo ultra preparado y de experiencia, sobre todo en sitios como el Club Hípico”.
Abierto con mayor frecuencia a los shows en 2009, el reducto tiene carreras todos los viernes y restringe horarios para las pruebas de sonido. Según Gloria Covarrubias, jefa de Eventos del lugar, las productoras prefieren probar sonido en la madrugada, pese a que los decretos lo prohíben, por lo que se ven obligados a cancelar una multa.
Zaturno, de Tiro de Gracia, las principales víctimas de las pifias técnicas de Frontera y Fuga, acota: “El Club Hípico no es para shows, sólo sirve para meter gente y hacer negocio. Los músicos chilenos merecemos más respeto, llevamos más de 20 años en esto. Pero la gente se olvida pronto. Vuelve a comprar entradas. A lo mejor le gusta un poco eso, pero el público también tiene que hacerse respetar”.
Artistas de mayor bagaje, como Joe Vasconcellos, evitan los descalabros con altas exigencias técnicas en el contrato. “Empecé como roadie y aprecio mucho el trabajo técnico como para descuidarlo. Todo ha mejorado en los últimos años, pero algunos chantas siguen”, remata.

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