La cuarta versión de Lollapalooza saca cuentas alegres por segundo año consecutivo

Con la postal de un Parque O’Higgins repleto todo un fin de semana y shows de convocatoria masiva se puede olvidar el hecho de que hace cinco años, Lollapalooza Chile no existía, y que en sus primeras versiones no tuvo el éxito que consolida a la marca hoy en día. De hecho, recién en 2013, en su tercera edición, los organizadores lograron recuperar la inversión. Y ahora en 2014, por segundo año consecutivo, consiguieron la meta de los números azules.
La versión más antigua de Lollapalooza en el continente comienza a consagrarse como una experiencia de nivel mundial. Los encargados del evento en Chile, Lotus Producciones, estiman que la inversión este año aumentó un 20%, entre un line up de 66 artistas (cuatro más que en 2013) y varios cambios en la logística que se montó en el parque. “Este año se montaron más torres de sonido, se cambió el sector VIP de lugar para darle más espacio al público general, se movió el sector de comidas para facilitar el tránsito por el lugar, se ubicaron más carpas de merchandising y reubicamos el Kidzapalooza”, cuenta Sebastián de la Barra, director de Lotus.
El festival logró su mayor convocatoria este año, con cerca de 160 mil tickets vendidos y 80 mil personas por jornada, en comparación a los 138 mil tickets que se vendieron en 2013. El éxito ha permitido establecer lazos de confianza con los auspiciadores. “Ya estamos cerrando varias marcas por contratos de más de un año”, explica De la Barra. “Las marcas ya saben cómo montar, cómo participar y tratar de brindar una experiencia mejor al público”, agrega. Además, nuevamente Lollapalooza Chile pudo transmitir sus principales conciertos a través de un streaming de video, que amplió la cantidad de artistas en la cobertura de este año.
La productora no entrega los números finales de ganancias, pero, según ellos, no son cifras altas. “Lo del año pasado fue para recuperar las pérdidas de los dos primeros años. Y los números azules, aunque sean positivos, son bajos”, explica De la Barra, asegurando: “El festival está pensado a largo plazo. Los costos aumentaron y las utilidades no fueron muchas, pero ganamos mucho en experiencia y en posicionamiento de marca. Estoy seguro de que el 2015 las cosas van a cambiar”.
En el balance, lo que más rescata la organización es la ampliación de la experiencia y la cultura de Lollapalooza. “Es lo que más rescatamos nosotros y nuestros socios afuera. En Chile se está generando una cultura de festival que no existía, donde la gente entendió que va a ir a descubrir música, a ver bandas nuevas”, dice De la Barra. “La gente ya confía en nosotros hasta el punto de comprar una entrada antes de anunciar un cartel. Eso no pasa en ningún otro evento de esta masividad en el país”, agrega.
Pero no todo es positivo, ya que el festival también fue objeto de críticas y se apuntaron temas pendientes a mejorar. Uno de esos fue la movilización, con el público tomando las redes sociales tras el fin de ambas jornadas, mostrando cómo el Metro colapsó frente a la cantidad de gente, haciendo poco útil su extensión de horario de servicio. También hubo quejas contra la entrega de pulseras, que el sábado generó durante horas una fila por varias cuadras en Avenida Tupper. “Sin duda, es un tema importante para la experiencia del público”, dice De la Barra. “En un futuro sería ideal hacerlo como en Chicago, mandando las pulseras a las casas por correo, pero por ahora es muy caro. Siempre va a haber errores, pero cada vez menos”, concluye.
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